Que mañana al amanecer se olviden nuestras noches; que solo queden las mías, vacías sin ti. Que te piense como un recuerdo, como una fantasía de otros tiempos buenos, y de otros no tan buenos. Que se me acabe el pintalabios rojo con el que tanto me gustaba besarte. Que se rompan en mil pedazos todas las huellas dactilares que de ti hay en mi cuerpo. Que se terminen mis lágrimas, y que dejen de crecerme las uñas, como si mi cuerpo se rebelara por morderlas de angustia. Que me quede calva, sin un solo pelo, para que así nadie sepa la de veces que acercaste tu nariz para oler un champú nuevo. Que mi sangre destiña las venas en mi interior, que se vistan de luto por un amor que se muere.
Podría acabarse el mundo al amanecer, podríamos dejar de existir, ser la nada más absoluta. Pero tú quiéreme. Quiéreme hoy, como si no hubiera mañana.
Escrito con pluma de lechuza mojada en lágrimas de ave fénix.
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