miércoles, 24 de abril de 2013

Y que me convertiré en una sombra vacía, si ya lo decía Salinas. Seré una simple y mezquina cruz en algún verde campo. Alguien, seguramente muy distinto a ti, me llevará flores cuando se marchiten aquellas que días antes había dejado bajo mi poético epitafio. No quedará nada de mí que se perpetúe en el tiempo, ni una tristeza enlutada en el vacío corazón de algún desdichado que guarde mi recuerdo hasta el fin de sus días. Acabaré por convertirme en polvo y luego en cualquier otra indefinida cosa que pasará desapercibida a tus ojos. Ni siquiera te darás cuenta de que he dejado de existir. Será como si nuestros caminos no se hubieran cruzado nunca; como si tú y yo, por muchas caricias y besos que hayamos compartido, no nos acordásemos de nosotros mismos. Este amor será una efímera ondulación en el tiempo cósmico, un rayo que cruzará la Vía Láctea a la velocidad de la luz y que se estrellará contra algún desconocido planeta en algún lejano lugar del Universo. La sombra vacía que seré por aquel entonces vagará junto a su tumba. Allí, donde tu poeta favorito decía que habitaba el olvido.

Escrito con pluma de lechuza mojada en lágrimas de ave fénix.

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